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El viernes 5 de octubre
pasado se presentó en el auditorio del Museo Egidio
Feruglio (MEF) el tercer volumen de cuentos de la prolífica
escritora trelewense Olga Starzak. Con la excelente conducción
de Silvia Sánchez, acompañaron a la autora en
la oportunidad los escritores Luis Alberto Jones y Carlos
Dante Ferrari, quienes se refirieron a diversos aspectos de
la obra.
(Para ver imágenes, cliquee aquí).
Este libro contiene once cuentos en los que el silencio, como
un hilo conductor invisible, adquiere un acendrado protagonismo.
El texto de contratapa nos introduce de lleno en ese plano
donde se acalla el lenguaje, cuando expresa: “A veces por
decisión, otras por temor y muchas más por necesidad,
los seres humanos transitan la vida guardando algún
secreto, algo muy íntimo que les pertenece y que, por
razones diversas, no debe manifestarse. Eclipsado en una zona
reservada de la mente, quizás sea preferible no pronunciarlo
jamás.”
Al referirse a esta producción, Luis A. Jones señaló,
entre otros conceptos: “Ya el título anuncia la parte
medular que diera impulso al trabajo: el trato, a través
de los relatos, de una problemática enraizada en el
tiempo por el silencio.” Más adelante anticipó:
“Brotan las miserias humanas: el sometimiento, la impiedad,
la cobardía, la denostación...”, para agregar
de inmediato: “Afortunadamente se respira con las caras contrapuestas
cuando asoman la nobleza, la mano sosteniendo la esperanza
ajena, los solidarios pactos que evitan que el protagonista
acabe en el picadero público; realidades todas que
la autora corporiza en fantasmas conformados por el temor.”
Luego, al referirse a las calidades literarias de la autora,
Jones señaló: “No es la primera vez que Olga
con sus escritos manifiesta su compromiso con situaciones
que apuntan a lo más profundo del ser: los dolores,
las tristezas o convicciones. Intenta descorsetar lo que se
soslaya consciente o inconscientemente. Va sembrando volcanes
cuyas erupciones son impredecibles. Se convierte así
en un francotirador: ese que nos tiene en la mira y permanece
oculto con el dedo en el gatillo”, para advertir finalmente,
con tono afectuoso y humorístico: “De manera que al
terminar de leer este libro yo me permitiría aconsejarles
que no se adormilen; deberían estar atentos, pues cuando
menos lo esperemos, Olga nos disparará con “El lenguaje
del silencio”.
A su turno, Carlos Ferrari se refirió al silencio expresando
que: “aunque no siempre, suele estar asociado con frecuencia
a algún secreto. A veces, en cambio, es un simple escudo
de defensa; otras, un arma eficaz para la venganza. También
puede ser una desmayada manifestación de impotencia,
o de un dolor inexpresable. Sea como fuere, desde que la humanidad
se comunica a través del lenguaje, el silencio –por
oposición a la palabra– siempre tiene algún
significado oculto. Esto lo saben mejor que nadie quienes
estudian la psicología, que encuentran en ciertos silencios
muchas claves de ingreso para ahondar en la mente humana.”
Aludió más tarde a su utilización como
un recurso eficaz en las diversas ramas del arte (entre ellas
la música, el cine y teatro) y particularmente en la
literatura. Hizo referencia, a modo de ejemplo, a significativos
pasajes de la obra poética de Atahualpa Yupanqui y
a renglón seguido efectuó una sinopsis de los
diversos modos en que el silencio manifiesta toda su elocuencia
en los once títulos que integran el libro. Concluyó
diciendo: “Como verán, una cualidad casi inseparable
del silencio es la intriga y la curiosidad que nos provoca
y nos tienta a interpelarlo. Una intriga que a veces llega
a exasperar, y que sin embargo –o quizás, justamente
por eso– se convierte en una herramienta magnífica
para el escritor. Olga Starzak ha sabido manejarla con notable
maestría. Sé que esta breve reseña ha
dejado muchos más interrogantes que respuestas, pero
ustedes las encontrarán en la expresividad de los silencios
que habitan en cada cuento, al leer la obra, que es su modo
de consumación auténtica.”
Es importante tener presente la concepción de la propia
autora al referirse a esta temática. En el prólogo,
Olga Starzak nos advierte: “La palabra, con su elocuencia,
con su multiplicidad expresiva, a veces es reacia a la hora
de las emociones intensas. Se vuelve huidiza, juega a las
escondidas, presume de ingrata o se oculta en los pliegues
más recónditos del alma. Y es entonces silencio.
Aún así, el silencio tiene su voz, un lenguaje
lleno de significados, un latido con ritmo propio”.
Después de leer la obra, podemos afirmar que la destreza
artística de esta apreciada escritora –en constante
crecimiento– ha conseguido hacer realidad estos postulados
en cada uno de sus cuentos.
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